Detrás de la alta
tapia
yo me empinaba
para ver el mundo.
Todas las altas
casas,
todas,
los rutinarios
tejados rojos
y las blancas
azoteas,
y el gris,
todo el gris del
mundo…
Y tú allí,
impasible, rosada,
hermosa, casi
eterna.
En mi mente de
niña,
mi dios, la
Belleza,
sobre el
dolor, el absurdo,
el desamor, la
pobreza.
Detrás de la alta
tapia
mis brazos
alzados,
mis manos
se arañaban
llegando a ella.
El corazón latía
apresurado.
Los pies volando de puntillas
lograban el deseo.
Antes de verte,
sentía tu presencia,
al fin, allí,
al fondo del más
bello paisaje,
como de un
escenario,
tú, la Belleza.
Serena frente al
caos,
te erguías firme
aunque etérea,
rosa fuerte de
aciagos años,
tú, mi dios, la
Belleza.
Yo me empinaba
para ver el mundo,
te perdía apenas
te veía,
y me izaba de
nuevo
para volver a
verte.
Nuevamente venías,
al volar mis pies
y dolía perderte
chocando contra el
suelo,
el suelo gris de
la terraza.
Allí antes que
ellos,
como un dios
cualquiera,
sólida frente a
toda
la inexplicable
miseria.
María José García Larios
(Este poema se incluye en una edición en DVD sobre la Restauración del Peinador de la Reina de la Alhambra de Granada, efectuada por la empresa Ágora S.L, junto con varios poemas de autores granadinos referidos igualmente a la Alhambra )

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