Esa niña de ubicuo silencio anda perdida,
perdida en la maleza.
arañada, profundamente herida,
sangra y no se da cuenta.
Sus pasos vacilantes
buscan la salida,
la oscuridad la inunda
y no encuentra la puerta.
Su llanto rompe ecos,
traspasa las montañas
sin que emita sonido.
Mi ser de mujer llora,
llora ardientes lágrimas,
se compadece a veces,
a veces grita,
pretendiendo ayudarla.
María José García Larios.

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