Las primeras brumas del otoño
y las hojas marchitas-primeras doradas-
yacen al pie de los semidesnudos árboles.
Tímidas líquidas perlas
caen del collar solitario de la tarde
sobre el rostro azul de la ciudad.
y en el gorjeo que la noche despierta
en las ramas,
me sumerjo
hasta el fondo del cristal sin nombre
en que brilla silente la nostalgia de los días perdidos,
de los días hallados.
Me engulle
la marea violeta y blanca
de las noches sin asomo de lágrimas,
de los días huecos, plenos
de recuerdos de días pasados...
M.J. García Larios.
