Soledad,
al estómago
agarrada
su insondable
plomada,
huida del
tiempo acechando en la sombra.
Se diluyen las
vísceras
en la líquida
noche.
Surcan en mi
mente sombras de seres,
de pensamientos
furtivos,
desvaneciéndose,
cual estrellas fugaces.
huecas máscaras
de sonoras carcajadas.
irreductible
compañera,
visitante
inoportuna y odiada,
dejóme
zambullir en el letargo cruel
de tus
transparentes abrazos,
fieles amantes
y celosos.
Huida de un
mundo
que crece en las
algas
de un pantano
de opacas
aguas.
Huida del grito
que el tímpano
estalla
y deja de
huella, nada.
La nada.
M.J.García Larios.
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