Las pequeñas hojas de los árboles reflejaban miles de tonos de verde cuando el sol se filtraba por ellas. Las copas de los árboles se juntaban como un bello friso, contrastando con el azul del agua.
Flotaba inerme, en el agua, formando parte del líquido elemento, de la tarde, de los árboles, formando parte de un todo, en paz conmigo misma, con el mundo, en el momento feliz que anhelaba grabar en mi memoria para recrearlo durante los duros días del invierno....
Allí, flotando en el agua, libre, sola, sin gente que me salpicara, que gritara, parecía que había vuelto al útero materno, a la felicidad absoluta, dejándome mover con el vaivén del líquido elemento, extasiada, contemplaba la belleza de aquellos árboles que se recortaban sobre el cielo, cimbreantes. El verde del bosque y el azul misterioso del agua, el brillo del agua transparente...
Disfruté intensamente de la quietud de la tarde, de mi soledad,de una felicidad absoluta que guardaría para atesorarla y abrirla primorosamente en los meses invernales venideros, en cualquier momento, para que me diese un poco de esta felicidad, cuando la necesitase.
M.J. García Larios.
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